Por Miguel Ángel Fdez. del Valle, en Madrid, a 1 de nov. de 2005.
Hablar de Depeche Mode, de cualquiera de sus discos, es hablar siempre de excelente calidad. Es hablar de uno de los grupos más influyentes de la historia junto a The Beatles, por ejemplo, y si tenemos en cuenta la calidad de sus letras, entonces resulta que Martin L. Gore es imbatible, no tiene parangón en la historia musical.
En estos tiempos en los que, en nuestro país en especial, llevamos quince años de Pseudo Cultura: música light, flamenquito, posgrungies, Triunfitos (falsos artistas, bufones en su mayoría), Gran Hermano y, en definitiva, de Dictadura de la Cultura Basura, resulta refrescante saber que un día existió mucha gente capaz de innovar. Concepto que hoy echamos de menos.
Ante este panorama dictatorial, como tantos me pregunto: ¿Y qué hacemos esos cientos de miles que no nos conformamos con menos, que sabemos que hay más y mejor? Pues entre otros discos, celebrar que en 2004 salió gente nueva como Keane, Scissor Sisters, o el “Lifeblood” de Maniac Street Preachers, y actualmente el álbum “Playing the angel” de Depeche. El titulo está justificado: a lo largo de las 11 canciones tropezamos a menudo con esa palabra, angel; pero también con devil (diablo). O sea, con Dios (ved letra de “Precious”, “Macro”, etc.).
Además de en la voz de Dave Gahan y de sus excelentes melodías a menudo bailables, es en ese intimismo, en esa capacidad de introspección, en esa dualidad inherente a todos, capaz de identificarnos, donde reside uno de los puntos fuertes del éxito de este grupo.
He leído varias entrevistas relacionadas con el disco, distintos artículos y, en la mayoría de los casos, en ellos encuentro más devoción que conocimiento: buena intención/muchos errores. Por ejemplo, que la novedad radicaba en que habían cambiado totalmente en sus dos trabajos anteriores (“Ultra” y “Exciter”). ¿!? Sucede que nos tenían acostumbrados a cosas más dance, y dos discos así, seguidos, descolocaron a los menos preparados. Pero de cambio total, nada; retoman, recuerdan a su segundo álbum, “A broken frame” (´82), bastante tranquilo en general, excelente, olvidado, y que os recomiendo escuchéis de nuevo. Tal vez, ninguno como “Some great reward” (´84). Ese era el sonido que mejor les ha sentado en mi opinión.
De los tres últimos, “Playing the angel” es el que sin duda contiene más relieves, más contrastes y es más bailable (o menos ambient), por lo que sus próximos conciertos prometen no sumirnos, ahí reconozcámoslo, en un cierto letargo. En cambio, ¿recordáis la gira del “Devotional”? Inolvidable.
Enhorabuena a Dave por sus tres canciones, en especial por la inquietamente oscura y serena “Nothing´s impossible”, en la que con su voz mantiene la tensión como nadie para, en tono tan siniestro, hablarnos de esperanza cuando dice: “Aún creo en el amor a primera vista, nada es imposible.”
¡Hasta el 6 de febrero en Madrid!
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=10222
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